Mi Rincón

Un Lugar donde dejarme llevar...

  • 31st Mayo
    2012
  • 31
Problemas, problemas everywhere…
  • 31st Mayo
    2012
  • 31
Momentos de tranquilidad. Momentos de soledad. Momentos de euforia. Momentos de risas. Momentos de llanto. Momentos… Momentos que disfrutas pero que te das cuenta, más tarde, que no te aportan nada salvo una, llamémosle, felicidad momentánea. ¿De qué sirven esos momentos si luego no trascienden en nada?

Never mind, I’ll find someone like you.

Momentos de tranquilidad. Momentos de soledad. Momentos de euforia. Momentos de risas. Momentos de llanto. Momentos… Momentos que disfrutas pero que te das cuenta, más tarde, que no te aportan nada salvo una, llamémosle, felicidad momentánea. ¿De qué sirven esos momentos si luego no trascienden en nada?

Never mind, I’ll find someone like you.

  • 29th Mayo
    2012
  • 29

Con sólo una mirada…

Hay momentos en los que solo me apetece escribir. Sentarme en la cama y plasmar en un papel todo aquello que me va pasando por la cabeza. Esas cosas que, a primera vista, nadie se imagina que puedo tener dentro de mí puesto que mi imagen exterior no deja ver todo lo que pienso y siento. Y miro a mi alrededor. Tengo muchísimas cosas en mi cuarto. Recuerdos, la mayoría recientes, y otros que no lo son tanto. Y me fijo en una foto. En una foto de un calendario donde marco todas mis horas de trabajo y demás cosas importantes. Pero lo importante de ese calendario es la imagen. En ella veo a una persona sentada, sujetando un casco de moto y con los vista dirigida hacia el suelo. Cualquiera diría que tiene los ojos cerrados, pero yo veo una mirada triste. Y me llama muchísimo la atención esa mirada. Porque esconde mucho, muchísimo. Como decía al principio, esa persona, a simple vista, muestra una imagen de sí misma que no es reflejada en esa mirada. La veo triste, podría decir que incluso algo melancólica, y yo me veo indirectamente reflejada en ella. Porque la veo algo solitaria, con ganas de cumplir sus sueños; quizás un poco decepcionada por algo que le ha ocurrido y con mucho, muchísimo que aportar. No mira el exterior y se centra en lo más importante…

Y es que no todo el mundo es capaz de mirar más allá de un físico, de un exterior. Pero no todos somos así. Para algunos es más importante una mirada y una sonrisa que una cara bonita y un cuerpo perfecto. Que sí, sería hipócrita por mi parte decir que no me fijo en el físico de una persona porque todo el mundo lo hace, es nuestra carta de presentación ante el mundo, pero para mí realmente lo importante no está fuera. Pocos somos capaces de ver qué hay detrás de una mirada y disfrutar de lo que significa una sonrisa. Porque un cuerpo “perfecto” cualquiera lo puede lograr al igual que lo puede perder, pero pocas personas son capaces de sacarte la sonrisa con solo mirarte. Y eso es lo que hace especial a las personas que mantienes en tu vida. Es un tópico decir que mucha gente entra y mucha sale. Y que pocas se quedan. Pero eres tú el que decide quién quieres que comparta contigo esas sonrisas y esas miradas cómplices. Bueno, tú realmente no puedes decidir esto último. La mayoría de las veces tu corazón lo hace por ti. Y si eres tan inteligente de no hacerle caso a la razón y dejarte llevar por las emociones, conseguirás tener a tu lado para siempre a esa persona que con solo una mirada es capaz de sacarte una sonrisa…

Buenas noches a todos.

-Araki-

  • 28th Mayo
    2012
  • 28
Tal día como hoy, estoy viendo que esas personas que algún día de mi vida fueron lo más importante de la misma, están viviendo su momento más feliz. Eso por lo que tanto han esperado, por lo que tanto han luchado y con lo que tanto han soñado, se ha hecho realidad…
Y esto me anima a pensar que a todos nos llega nuestro momento, que hasta cuando más metidos nos vemos en nuestra propia mierda, tenemos que tener claro que ahí fuera hay algo que tarde o temprano llegará a nuestra vida y logrará llevarnos, por fin a la más absoluta y plena felicidad.
Y, aunque me siento muy feliz por todos ellos y todavía no ha llegado mi momento, sé que tarde o temprano llegará.

Sin prisa pero sin pausa y disfrutando de cada momento… Buenas noches.

Tal día como hoy, estoy viendo que esas personas que algún día de mi vida fueron lo más importante de la misma, están viviendo su momento más feliz. Eso por lo que tanto han esperado, por lo que tanto han luchado y con lo que tanto han soñado, se ha hecho realidad…

Y esto me anima a pensar que a todos nos llega nuestro momento, que hasta cuando más metidos nos vemos en nuestra propia mierda, tenemos que tener claro que ahí fuera hay algo que tarde o temprano llegará a nuestra vida y logrará llevarnos, por fin a la más absoluta y plena felicidad.

Y, aunque me siento muy feliz por todos ellos y todavía no ha llegado mi momento, sé que tarde o temprano llegará.

Sin prisa pero sin pausa y disfrutando de cada momento… Buenas noches.

  • 1st Mayo
    2012
  • 01
Y me metí en la ducha. Entraba a trabajar en un par de horas y no podía dejar de pensar que, seguramente, me iba a cruzar con un policía amigo mío que trabajaba por mi zona esa misma noche. Mientras el agua recorría mi cuerpo en mi cabeza aparecían mil fantasías, mil formas de encontrarme con él y quitarle el uniforme. Y no podía dejar de acariciarme a mí misma mientras pensaba en todo aquello…

Y me metí en la ducha. Entraba a trabajar en un par de horas y no podía dejar de pensar que, seguramente, me iba a cruzar con un policía amigo mío que trabajaba por mi zona esa misma noche. Mientras el agua recorría mi cuerpo en mi cabeza aparecían mil fantasías, mil formas de encontrarme con él y quitarle el uniforme. Y no podía dejar de acariciarme a mí misma mientras pensaba en todo aquello…

  • 18th Abril
    2012
  • 18
No entiendo por qué, cuantas más cosas buenas me pasan, cuanto más activa estoy, cuanta más felicidad veo a mi alrededor, más vacía me siento.

Estoy en un momento de mi vida bastante bueno. Tengo varios proyectos en mente y otros están en camino de realizarse. Profesionalmente hablando estoy en un momento muy dulce por todo lo que me está pasando y todo lo que estoy haciendo. Entonces, ¿alguien puede explicarme por qué me siento tan vacía cuando debería estar radiante y feliz?

Nudo en el pecho, nudo en el estómago, nudo en la garganta y lágrimas asomando por mis ojos, sin motivo aparente. Necesidad de escapar, de huir, de perderme y no saber nada del mundo. ¿Por qué me pasa todo esto ahora? ¿Hay alguien capaz de ayudarme? Que alguien me explique qué me pasa porque cada día me entiendo menos…

No entiendo por qué, cuantas más cosas buenas me pasan, cuanto más activa estoy, cuanta más felicidad veo a mi alrededor, más vacía me siento.

Estoy en un momento de mi vida bastante bueno. Tengo varios proyectos en mente y otros están en camino de realizarse. Profesionalmente hablando estoy en un momento muy dulce por todo lo que me está pasando y todo lo que estoy haciendo. Entonces, ¿alguien puede explicarme por qué me siento tan vacía cuando debería estar radiante y feliz?

Nudo en el pecho, nudo en el estómago, nudo en la garganta y lágrimas asomando por mis ojos, sin motivo aparente. Necesidad de escapar, de huir, de perderme y no saber nada del mundo. ¿Por qué me pasa todo esto ahora? ¿Hay alguien capaz de ayudarme? Que alguien me explique qué me pasa porque cada día me entiendo menos…

  • 12th Abril
    2012
  • 12
CAFÉ BAJO LA LLUVIA…

Eran las 3 de la tarde y tenía que entrar a trabajar en media hora. Estábamos en Abril y, como pasa todos los años en Semana Santa, estaba lloviendo. Me puse mi chaqueta de piel negra, apagué la tele y bajé al coche.

 

De camino al trabajo me crucé con un par de coches de policía. Había habido un accidente y la carretera por la que circulaba tenía el tráfico bastante lento. Miré el reloj. Con esa suerte llegaría tarde. Pero ese día no fue el caso.

 

A las 3 y media exactas estaba entrando por la puerta de la oficina. Era un centro de negocios con muchísima luz situado en un la segunda planta de un edificio de oficinas. Todo lleno de ventanales que daban a la calle. La verdad es que el sitio, para trabajar, estaba muy bien. Era tranquilo, casi no había problemas de aparcamiento y, cuando hacía buen tiempo, podías ver la sierra madrileña desde la mesa de tu despacho.

 

Pero ese día no había llegado yo con muchas ganas de trabajar. La calle estaba casi en penumbra por la lluvia, no había ni un rayo de sol y, todos sabemos, que cuando hace ese tiempo sólo te apetece quedarte en el sofá de tu casa viendo la televisión. Eso sí, en buena compañía, porque lo de las palomitas y la película siempre es lo de menos…

 

Me senté en mi mesa y encendí el ordenador. No tenía ningún aviso en el Mail y tampoco tenía trabajo atrasado. Simplemente tenía que estar atenta al teléfono por si surgía algo. Me daba rabia pensar que todo el mundo estaba de vacaciones y yo tenía que estar allí de guardia. En todo el centro de negocios sólo estábamos la recepcionista, Yolanda, y yo

 

Una hora y dos cafés después, sonó mi teléfono. Era Álex. Un, llamémoslo, amigo con el que llevaba viéndome un par de meses. Me sorprendió mucho su llamada porque normalmente era yo la que tenía que estar pendiente de él. Pero no os voy a negar que  me gustó no tener que hacerlo… Descolgué el teléfono y me puse a hablar con él. Me preguntó que si estaba en la oficina porque había pasado por allí y se había acordado de mí. Me invitaba a un café. La lástima es que yo no podía salir del despacho así que le ofrecí una “reunión de trabajo”. Salí a la recepción y le comenté a Yolanda que esperaba una visita y que, si no era molestia, cuando llegase la llevase a mi despacho.

 

Saqué un espejito del primer cajón de mi mesa y miré que no tuviese mala cara. Me retoqué un poco y lo guardé. A los 5 minutos llamaban a la puerta de mi despacho.

 

Entró Álex con la mejor de sus sonrisas y, no puedo negarlo, la mejor de sus camisas. El pelo un poco mojado por la lluvia pero, aun así, guapísimo. Le di dos besos a la hora de saludarle. Se quitó la chaqueta y, cuando fue a sentarse, no pude evitar observar lo bien que le quedaba la ropa que llevaba puesta. Era algo que no me sorprendía ya que siempre tenía una imagen muy cuidada. Pero yo iba más allá. Llevaba una camisa azul, con doble cuello y puño, que le marcaba perfectamente tanto el pecho como los brazos. Solo con verle ya me estaba imaginando quitándole uno a uno, muy despacio, todos y cada uno de los botones que la cerraban…

 

Empezamos a hablar y, para no delatarme tan rápido, le ofrecí ese café que le había prometido. Mientras lo tomábamos conversamos de todo un poco, sin centrarnos en nada en concreto. Pero poco a poco, y como siempre me pasaba con él, la conversación se fue calentando casi sin querer… Estábamos los dos solos en mi despacho, en mi puesto de trabajo, sin previsión de ninguna visita inoportuna. La persona más cercana estaba a unos 12 metros tras una puerta. Y teníamos un ventanal de más de 3 metros que daba a la calle. Esa situación a mí me daba muchísimo morbo. Y a Álex también. Se levantó y se acercó hacia mi silla. Sin querer yo empecé a temblar. Se puso en cuclillas a mi lado y empezó a tocarme suavemente la pierna con su mano izquierda mientras me comía con los ojos. Aunque deseaba que lo hiciera, me esperé un poco. El hecho de que, o bien Yolanda pudiese enterarse de algo, o bien las miradas indiscretas de la calle pudiesen vernos me cohibía a la vez que me excitaba. Con su otro brazo empezó a acariciarme el cuello y a jugar con mi pendiente y mi oreja. Tal vez para que me centrase en ello y no prestase atención a las caricias de mi pierna. Tenía una sonrisa en la cara que presagiaba lo que iba a pasar. Mientras disfrutaba con el jugueteo de sus dedos en mi cuello su mano izquierda me rozó levemente entre las piernas. No me lo esperaba y me contraje. No pude evitar gemir en ese pequeño instante. A los dos segundos volvió a rozarme, suavemente, casi sin tocarme. Pero provocaba un efecto tan intenso en mi cuerpo que, automáticamente, mi respiración se aceleró… Noté como mis músculos se ablandaban, cómo me iba acomodando más en la silla, cómo iba situándome poco a poco en una posición más sumisa. Y cuando me tocó por tercera vez tuvo que callar mi gemido con sus labios. Se incorporó un poco para estar a mi altura y comenzó una explosión de besos y caricias por todo el cuerpo.

 

Me levanté de la silla y me cerré el pestillo de la puerta del despacho. Estaba tan caliente que no quería ningún tipo de intromisión. Me senté en mi mesa con las piernas abiertas. Acerqué a Álex hacia mí y empecé a desabrocharle, uno a uno, todos y cada uno de los botones de la camisa como había imaginado minutos antes. Muy despacito. Lamiendo y saboreando cada centímetro de su cuerpo que se iba descubriendo. Cuando la tenía abierta del todo, lo agarré por la espalda y lo apreté contra mí. Quería sentir su polla, ya dura, mientras le lamía el cuello. Mientras lo hacía, veía cómo, a escasos centímetros detrás de él, en la calle seguía diluviando. Caían millones de gotas en el cristal que presagiaban lo mojada que iba yo a terminar…

 

Álex comenzó a gemir. Había iniciado yo también ese juego de rozarle cuando menos se lo esperase y eso le ponía muy cachondo. Tanto como para ponerme de pie, bajarme los pantalones y quitarme el tanga con los dientes. Me cogió en brazos y me sentó en el borde de mi mesa. Comenzó a tocarme toda la entrepierna. Primero despacito, para sentir como poco a poco se iba hinchando toda la zona. Pero, sin dejar de besarme ni de mirarme a los ojos con cara de deseo, fue aumentando el ritmo… Yo acallaba mis gemidos con sus labios, mi respiración tenía que oírse en el vacío despacho de al lado. Y viendo que eso me hacía disfrutar, me metió primero un dedo, luego dos y hasta tres dedos que empezó a mover muy velozmente dentro de mí. Y yo con eso ya no podía. No podía acallar mis gritos. Álex, muy hábilmente me tapó la boca con la otra mano mientras seguía dándome placer. Le ponía cachondísimo verme disfrutar así que, cuando veía que ya casi no podía más, me tumbó sobre la mesa y empezó a comerme el coño. Con las piernas apoyadas en sus hombros, apretándole con ellas hacia mí por la espalda, me retorcía de placer. De vez en cuando me miraba a los ojos mientras jugaba con su lengua, satisfecho de verme disfrutar… Me chupaba, me lamía, succionaba. Jugaba con sus dedos, con su lengua, con sus labios. Yo estaba cachondísima, chorreando. No podía esperar más. Quería que me follara. Necesitaba que me follara. Y como si leyese mi mente, se levantó, se bajó el pantalón y los boxers sin dejar de tocarme y me embistió. No le dio ninguna pena no hacerlo con ternura o no entrar en mí despacito pues sabía, que tal como estaba, me tenía lista para entrar en mí con la mayor bravura del mundo. Y así lo hizo. Empezó a follarme con muchísima fuerza, haciendo que disfrutara sufriendo con cada embestida. Apretando su cuerpo contra mí cada vez que entraba. Yo la sentía dentro de mí. Caliente. Y dura, muy dura. Él me miraba como me gusta que lo haga, con deseo, con rabia. Le metí la mano en la boca y empecé a tocarme mientras me follaba. Le encantaba. Le ponía aún más si cabe el hecho de verme a mí tocándome para él. Y eso hacía que cada vez estuviese más y más cachondo. Me subió  las piernas para arriba. Dios, ahí la notaba toda dentro de mí. Estaba chorreando y ardiendo por dentro. Pero esto no podía quedar así. No podía ser yo la que recibiese todo el placer. Le aparté de mi cuerpo y me bajé de la mesa. Me arrodillé delante de él y empecé a comerle la polla como nunca antes se la había comido. Me encantaba sentirla dura dentro de mi boca. Lamerla de arriba abajo. Sabía que esa preciosidad la había provocado yo y eso me ponía aún más. Él no dejaba de gemir, de suspirar… “Shhhh nene, no hagas ruido” Pero aún sabiendo que no podíamos hacer ruido, yo intentaba hacerle gritar más y más. Quería oírle disfrutar. Quería ver cómo no era capaz de acallar sus propios gemidos. Y la lamía, la chupaba. La apretaba muy muy fuerte con la mano mientras la movía rápidamente y me la metía hasta la campanilla…

 

Me dijo que parase, que no podía más. Me levantó, me besó y me apoyó contra el cristal que daba a la calle. Ahí fuera, lloviendo, con toda la gente pasando por debajo de mi ventana y yo casi desnuda a la vista de cualquiera. Y empezó a follarme desde atrás. Eso a mí me encantaba y él lo sabía, así que con una mano me movía por la cadera y con otra me tapaba la boca. Yo no podía dejar de mirar a la calle. En el fondo, deseaba que alguien alzara la vista y nos viese follando como dos locos. Eso me ponía muy muy cachonda. De hecho, mientras pensaba en ello, me tocaba el coño con la mano derecha, acariciándome a mí misma. Aumentando si cabe el placer que ya estaba sintiendo. Álex me vio hacerlo y acto seguido me agarró del pelo. Me tiraba para atrás como si no me doliese. Y yo hacía más fuerza hacia adelante si cabe. Entre gemidos y suspiros acallados le dije eso de: “Nene… Me voy…” Eso le dio a él más fuerza para terminar de reventarme mientras yo me corría. Me giró la cabeza y me besó para que Yolanda no se enterase del grito. Me quedé extasiada. Y, como todo buen acto tiene su recompensa, me agaché otra vez delante suyo y se la chupé con más energía que la vez anterior. Él estaba a punto también y yo lo sabía. Le hice la mejor mamada que le habían hecho en su vida y, entre gritos y gemidos, se corrió encima de mí. No pude evitar saborear su polla después de correrse. Era algo que me encantaba. Como un regalo por lo bien que lo había hecho. Entonces me levanté, le miré a los ojos y le sonreí. Él me premió con un beso muy dulce en los labios. Como si toda la fuerza ya la hubiese derrochado en mí y solo le quedasen muestras de agradecimiento… No es por nada pero entre la situación y el morbo de la calle… Fue un polvazo increíble. 

 

Esta tarde vuelvo a la oficina y presiento que va a ser una tarde muy aburrida. Estaré pendiente del teléfono por si alguien quiere un café…

 

 

CAFÉ BAJO LA LLUVIA…


Eran las 3 de la tarde y tenía que entrar a trabajar en media hora. Estábamos en Abril y, como pasa todos los años en Semana Santa, estaba lloviendo. Me puse mi chaqueta de piel negra, apagué la tele y bajé al coche.

 

De camino al trabajo me crucé con un par de coches de policía. Había habido un accidente y la carretera por la que circulaba tenía el tráfico bastante lento. Miré el reloj. Con esa suerte llegaría tarde. Pero ese día no fue el caso.

 

A las 3 y media exactas estaba entrando por la puerta de la oficina. Era un centro de negocios con muchísima luz situado en un la segunda planta de un edificio de oficinas. Todo lleno de ventanales que daban a la calle. La verdad es que el sitio, para trabajar, estaba muy bien. Era tranquilo, casi no había problemas de aparcamiento y, cuando hacía buen tiempo, podías ver la sierra madrileña desde la mesa de tu despacho.

 

Pero ese día no había llegado yo con muchas ganas de trabajar. La calle estaba casi en penumbra por la lluvia, no había ni un rayo de sol y, todos sabemos, que cuando hace ese tiempo sólo te apetece quedarte en el sofá de tu casa viendo la televisión. Eso sí, en buena compañía, porque lo de las palomitas y la película siempre es lo de menos…

 

Me senté en mi mesa y encendí el ordenador. No tenía ningún aviso en el Mail y tampoco tenía trabajo atrasado. Simplemente tenía que estar atenta al teléfono por si surgía algo. Me daba rabia pensar que todo el mundo estaba de vacaciones y yo tenía que estar allí de guardia. En todo el centro de negocios sólo estábamos la recepcionista, Yolanda, y yo

 

Una hora y dos cafés después, sonó mi teléfono. Era Álex. Un, llamémoslo, amigo con el que llevaba viéndome un par de meses. Me sorprendió mucho su llamada porque normalmente era yo la que tenía que estar pendiente de él. Pero no os voy a negar que  me gustó no tener que hacerlo… Descolgué el teléfono y me puse a hablar con él. Me preguntó que si estaba en la oficina porque había pasado por allí y se había acordado de mí. Me invitaba a un café. La lástima es que yo no podía salir del despacho así que le ofrecí una “reunión de trabajo”. Salí a la recepción y le comenté a Yolanda que esperaba una visita y que, si no era molestia, cuando llegase la llevase a mi despacho.

 

Saqué un espejito del primer cajón de mi mesa y miré que no tuviese mala cara. Me retoqué un poco y lo guardé. A los 5 minutos llamaban a la puerta de mi despacho.

 

Entró Álex con la mejor de sus sonrisas y, no puedo negarlo, la mejor de sus camisas. El pelo un poco mojado por la lluvia pero, aun así, guapísimo. Le di dos besos a la hora de saludarle. Se quitó la chaqueta y, cuando fue a sentarse, no pude evitar observar lo bien que le quedaba la ropa que llevaba puesta. Era algo que no me sorprendía ya que siempre tenía una imagen muy cuidada. Pero yo iba más allá. Llevaba una camisa azul, con doble cuello y puño, que le marcaba perfectamente tanto el pecho como los brazos. Solo con verle ya me estaba imaginando quitándole uno a uno, muy despacio, todos y cada uno de los botones que la cerraban…

 

Empezamos a hablar y, para no delatarme tan rápido, le ofrecí ese café que le había prometido. Mientras lo tomábamos conversamos de todo un poco, sin centrarnos en nada en concreto. Pero poco a poco, y como siempre me pasaba con él, la conversación se fue calentando casi sin querer… Estábamos los dos solos en mi despacho, en mi puesto de trabajo, sin previsión de ninguna visita inoportuna. La persona más cercana estaba a unos 12 metros tras una puerta. Y teníamos un ventanal de más de 3 metros que daba a la calle. Esa situación a mí me daba muchísimo morbo. Y a Álex también. Se levantó y se acercó hacia mi silla. Sin querer yo empecé a temblar. Se puso en cuclillas a mi lado y empezó a tocarme suavemente la pierna con su mano izquierda mientras me comía con los ojos. Aunque deseaba que lo hiciera, me esperé un poco. El hecho de que, o bien Yolanda pudiese enterarse de algo, o bien las miradas indiscretas de la calle pudiesen vernos me cohibía a la vez que me excitaba. Con su otro brazo empezó a acariciarme el cuello y a jugar con mi pendiente y mi oreja. Tal vez para que me centrase en ello y no prestase atención a las caricias de mi pierna. Tenía una sonrisa en la cara que presagiaba lo que iba a pasar. Mientras disfrutaba con el jugueteo de sus dedos en mi cuello su mano izquierda me rozó levemente entre las piernas. No me lo esperaba y me contraje. No pude evitar gemir en ese pequeño instante. A los dos segundos volvió a rozarme, suavemente, casi sin tocarme. Pero provocaba un efecto tan intenso en mi cuerpo que, automáticamente, mi respiración se aceleró… Noté como mis músculos se ablandaban, cómo me iba acomodando más en la silla, cómo iba situándome poco a poco en una posición más sumisa. Y cuando me tocó por tercera vez tuvo que callar mi gemido con sus labios. Se incorporó un poco para estar a mi altura y comenzó una explosión de besos y caricias por todo el cuerpo.

 

Me levanté de la silla y me cerré el pestillo de la puerta del despacho. Estaba tan caliente que no quería ningún tipo de intromisión. Me senté en mi mesa con las piernas abiertas. Acerqué a Álex hacia mí y empecé a desabrocharle, uno a uno, todos y cada uno de los botones de la camisa como había imaginado minutos antes. Muy despacito. Lamiendo y saboreando cada centímetro de su cuerpo que se iba descubriendo. Cuando la tenía abierta del todo, lo agarré por la espalda y lo apreté contra mí. Quería sentir su polla, ya dura, mientras le lamía el cuello. Mientras lo hacía, veía cómo, a escasos centímetros detrás de él, en la calle seguía diluviando. Caían millones de gotas en el cristal que presagiaban lo mojada que iba yo a terminar…

 

Álex comenzó a gemir. Había iniciado yo también ese juego de rozarle cuando menos se lo esperase y eso le ponía muy cachondo. Tanto como para ponerme de pie, bajarme los pantalones y quitarme el tanga con los dientes. Me cogió en brazos y me sentó en el borde de mi mesa. Comenzó a tocarme toda la entrepierna. Primero despacito, para sentir como poco a poco se iba hinchando toda la zona. Pero, sin dejar de besarme ni de mirarme a los ojos con cara de deseo, fue aumentando el ritmo… Yo acallaba mis gemidos con sus labios, mi respiración tenía que oírse en el vacío despacho de al lado. Y viendo que eso me hacía disfrutar, me metió primero un dedo, luego dos y hasta tres dedos que empezó a mover muy velozmente dentro de mí. Y yo con eso ya no podía. No podía acallar mis gritos. Álex, muy hábilmente me tapó la boca con la otra mano mientras seguía dándome placer. Le ponía cachondísimo verme disfrutar así que, cuando veía que ya casi no podía más, me tumbó sobre la mesa y empezó a comerme el coño. Con las piernas apoyadas en sus hombros, apretándole con ellas hacia mí por la espalda, me retorcía de placer. De vez en cuando me miraba a los ojos mientras jugaba con su lengua, satisfecho de verme disfrutar… Me chupaba, me lamía, succionaba. Jugaba con sus dedos, con su lengua, con sus labios. Yo estaba cachondísima, chorreando. No podía esperar más. Quería que me follara. Necesitaba que me follara. Y como si leyese mi mente, se levantó, se bajó el pantalón y los boxers sin dejar de tocarme y me embistió. No le dio ninguna pena no hacerlo con ternura o no entrar en mí despacito pues sabía, que tal como estaba, me tenía lista para entrar en mí con la mayor bravura del mundo. Y así lo hizo. Empezó a follarme con muchísima fuerza, haciendo que disfrutara sufriendo con cada embestida. Apretando su cuerpo contra mí cada vez que entraba. Yo la sentía dentro de mí. Caliente. Y dura, muy dura. Él me miraba como me gusta que lo haga, con deseo, con rabia. Le metí la mano en la boca y empecé a tocarme mientras me follaba. Le encantaba. Le ponía aún más si cabe el hecho de verme a mí tocándome para él. Y eso hacía que cada vez estuviese más y más cachondo. Me subió  las piernas para arriba. Dios, ahí la notaba toda dentro de mí. Estaba chorreando y ardiendo por dentro. Pero esto no podía quedar así. No podía ser yo la que recibiese todo el placer. Le aparté de mi cuerpo y me bajé de la mesa. Me arrodillé delante de él y empecé a comerle la polla como nunca antes se la había comido. Me encantaba sentirla dura dentro de mi boca. Lamerla de arriba abajo. Sabía que esa preciosidad la había provocado yo y eso me ponía aún más. Él no dejaba de gemir, de suspirar… “Shhhh nene, no hagas ruido” Pero aún sabiendo que no podíamos hacer ruido, yo intentaba hacerle gritar más y más. Quería oírle disfrutar. Quería ver cómo no era capaz de acallar sus propios gemidos. Y la lamía, la chupaba. La apretaba muy muy fuerte con la mano mientras la movía rápidamente y me la metía hasta la campanilla…

 

Me dijo que parase, que no podía más. Me levantó, me besó y me apoyó contra el cristal que daba a la calle. Ahí fuera, lloviendo, con toda la gente pasando por debajo de mi ventana y yo casi desnuda a la vista de cualquiera. Y empezó a follarme desde atrás. Eso a mí me encantaba y él lo sabía, así que con una mano me movía por la cadera y con otra me tapaba la boca. Yo no podía dejar de mirar a la calle. En el fondo, deseaba que alguien alzara la vista y nos viese follando como dos locos. Eso me ponía muy muy cachonda. De hecho, mientras pensaba en ello, me tocaba el coño con la mano derecha, acariciándome a mí misma. Aumentando si cabe el placer que ya estaba sintiendo. Álex me vio hacerlo y acto seguido me agarró del pelo. Me tiraba para atrás como si no me doliese. Y yo hacía más fuerza hacia adelante si cabe. Entre gemidos y suspiros acallados le dije eso de: “Nene… Me voy…” Eso le dio a él más fuerza para terminar de reventarme mientras yo me corría. Me giró la cabeza y me besó para que Yolanda no se enterase del grito. Me quedé extasiada. Y, como todo buen acto tiene su recompensa, me agaché otra vez delante suyo y se la chupé con más energía que la vez anterior. Él estaba a punto también y yo lo sabía. Le hice la mejor mamada que le habían hecho en su vida y, entre gritos y gemidos, se corrió encima de mí. No pude evitar saborear su polla después de correrse. Era algo que me encantaba. Como un regalo por lo bien que lo había hecho. Entonces me levanté, le miré a los ojos y le sonreí. Él me premió con un beso muy dulce en los labios. Como si toda la fuerza ya la hubiese derrochado en mí y solo le quedasen muestras de agradecimiento… No es por nada pero entre la situación y el morbo de la calle… Fue un polvazo increíble.

 

Esta tarde vuelvo a la oficina y presiento que va a ser una tarde muy aburrida. Estaré pendiente del teléfono por si alguien quiere un café…

 

 

  • 3rd Abril
    2012
  • 03
Todavía espero que vengan a detenerme y me engrilleten en la oficina…

Todavía espero que vengan a detenerme y me engrilleten en la oficina…

  • 30th Marzo
    2012
  • 30
Hay veces que me pongo a escribir y me siento como Carrie Bradshaw en “Sexo en Nueva York”. Y es que, como buena mujer, me he visto la serie entera y, hay momentos, en los que me planteo preguntas y veo la pantalla de mi ordenador apareciendo en mi televisión con mi voz “en off”. Resulta curioso. De hecho me he planteado buscar un lugar donde publicar una columna semanal como hacía ella. Hablando de las personas, del sexo, de las relaciones. Igual algún día me animo y envío mis trabajos a alguna revista…

Y todo porque hay días, como los de hoy, en los que estoy sentada en la oficina sin trabajo que hacer, y me pongo a reflexionar un poco sobre la vida. Y el tema de hoy es la relación entre sexo y amor. O el sexo en las relaciones. No sabría cómo definirlo. Porque todos podemos tener sexo con amor y sexo sin amor. De hecho, hemos probado cualquiera de las dos variantes alguna vez. Pero, ¿tan importante es el sexo que puede hacer crecer el amor en un punto donde sólo había atracción? ¿Pueden las personas dejar de ver a su “pareja sexual” sólo como tal porque tal compenetración en la cama empieza a generar sentimientos más fuertes? 

Nos encontramos con parejas que primero se conocen, se gustan, van generando sentimientos y después de un proceso, deciden mantener relaciones. Ahí podemos decir que primero vino el amor y luego lo culminaron con el sexo en sí. Pero, hay otras que primero se conocen, se atraen, generan una tensión sexual y la sacian. A raíz de ahí pueden pasar tres cosas.

 Primero, que la cosa se quede ahí porque no se consideran un complemento en la cama, sin dar lugar a conocerse y que la confianza haga que poco a poco esos problemas sexuales cambien completamente.
Que se complementen muy bien en la cama y se conviertan en pareja sexual, lo que en los tiempos que corren llamaríamos “follamigos”. Donde las dos partes están de acuerdo y su relación es exclusivamente sexual, sin sentimientos.
O bien que, después de iniciarse como pareja sexual y complementarse como tal, aún habiendo dejado claro que la relación no va a pasar de ahí, se generan sentimientos por una o ambas partes y la pareja termina afianzándose como tal.

Cualquiera de las tres variantes es válida y muy común. De hecho, alguno de nosotros habrá pasado por todas en alguna ocasión. El caso es que el sexo es algo necesario, importante. Muestra una cara de nosotros mismos que prácticamente nadie conoce y somos nosotros los que decidimos a quién mostrársela. Ahora ya, la finalidad de cada cara que mostremos es sólo nuestra…  ¿Con amor? ¿Sin amor? ¿Con compromiso? ¿Sin compromiso? Vosotros decidís. 

Hay veces que me pongo a escribir y me siento como Carrie Bradshaw en “Sexo en Nueva York”. Y es que, como buena mujer, me he visto la serie entera y, hay momentos, en los que me planteo preguntas y veo la pantalla de mi ordenador apareciendo en mi televisión con mi voz “en off”. Resulta curioso. De hecho me he planteado buscar un lugar donde publicar una columna semanal como hacía ella. Hablando de las personas, del sexo, de las relaciones. Igual algún día me animo y envío mis trabajos a alguna revista…

Y todo porque hay días, como los de hoy, en los que estoy sentada en la oficina sin trabajo que hacer, y me pongo a reflexionar un poco sobre la vida. Y el tema de hoy es la relación entre sexo y amor. O el sexo en las relaciones. No sabría cómo definirlo. Porque todos podemos tener sexo con amor y sexo sin amor. De hecho, hemos probado cualquiera de las dos variantes alguna vez. Pero, ¿tan importante es el sexo que puede hacer crecer el amor en un punto donde sólo había atracción? ¿Pueden las personas dejar de ver a su “pareja sexual” sólo como tal porque tal compenetración en la cama empieza a generar sentimientos más fuertes?

Nos encontramos con parejas que primero se conocen, se gustan, van generando sentimientos y después de un proceso, deciden mantener relaciones. Ahí podemos decir que primero vino el amor y luego lo culminaron con el sexo en sí. Pero, hay otras que primero se conocen, se atraen, generan una tensión sexual y la sacian. A raíz de ahí pueden pasar tres cosas.

 Primero, que la cosa se quede ahí porque no se consideran un complemento en la cama, sin dar lugar a conocerse y que la confianza haga que poco a poco esos problemas sexuales cambien completamente.

Que se complementen muy bien en la cama y se conviertan en pareja sexual, lo que en los tiempos que corren llamaríamos “follamigos”. Donde las dos partes están de acuerdo y su relación es exclusivamente sexual, sin sentimientos.

O bien que, después de iniciarse como pareja sexual y complementarse como tal, aún habiendo dejado claro que la relación no va a pasar de ahí, se generan sentimientos por una o ambas partes y la pareja termina afianzándose como tal.

Cualquiera de las tres variantes es válida y muy común. De hecho, alguno de nosotros habrá pasado por todas en alguna ocasión. El caso es que el sexo es algo necesario, importante. Muestra una cara de nosotros mismos que prácticamente nadie conoce y somos nosotros los que decidimos a quién mostrársela. Ahora ya, la finalidad de cada cara que mostremos es sólo nuestra…  ¿Con amor? ¿Sin amor? ¿Con compromiso? ¿Sin compromiso? Vosotros decidís. 

  • 28th Marzo
    2012
  • 28